Malas noticias para el futuro de Atacama por el Fenómeno de El Niño

El Fenómeno de El Niño y Atacama: qué es el fenómeno, cómo funciona y por qué aumenta el riesgo de severas lluvias extremas y aluviones. Nos introducimos al interior del ciclo natural del Cambio Climático de la Tierra para descubrir cómo la Región de Atacama vivirá sucesivos procesos climáticos-geológicos cada vez más extremos.

Autor, Jorge Auristondo Vilches. Articulo de difusión científica para entender el ciclo natural del Cambio Climático.

Introducción


El fenómeno de El Niño–Oscilación del Sur (ENOS) vuelve a adquirir especial relevancia para Chile durante 2026. En la infografia de este artículo muestro la dinámica fundamental del fenómeno: el desplazamiento de aguas cálidas del Océano Pacífico hacia el Este, hacia Chile, la modificación de los vientos y de la circulación atmosférica y la consiguiente alteración del régimen de precipitaciones sobre la costa Occidental de Sudamérica. La infografía presentada aquí condensa esta relación océano-atmósfera y su conexión con Sudamérica y la cordillera de los Andes.


La importancia de este fenómeno para la Región de Atacama en el Norte de Chile es particularmente elevada porque se trata de una de las zonas más áridas del planeta. En un ambiente donde la precipitación normal es extremadamente escasa, un episodio de lluvia excepcional no necesariamente significa simplemente «más agua»: puede transformarse rápidamente en crecidas súbitas, flujos de detritos, aluviones, erosión, cortes de caminos, daños a infraestructura y alteraciones de la actividad minera y agrícola.


Y existe una razón adicional para prestar atención en 2026: El Niño ya está establecido y los organismos científicos internacionales proyectan que continúe intensificándose durante los próximos meses.

1. ¿Qué es realmente El Niño?

El Niño no es una tormenta, ni una lluvia extraordinaria ni un fenómeno exclusivamente atmosférico.

Es la fase cálida del sistema climático denominado El Niño–Oscilación del Sur (ENOS), una interacción a gran escala entre el Océano Pacífico tropical y la atmósfera.

En condiciones normales, los vientos alisios desplazan las aguas superficiales cálidas del Pacífico tropical hacia el Oeste, acumulándolas cerca de Indonesia y Australia. Frente a las costas de Perú y Chile predominan aguas relativamente frías debido, entre otros procesos, al afloramiento de aguas profundas.

Durante El Niño se debilita o modifica esta circulación. Grandes cantidades de agua cálida se desplazan hacia el Pacífico central y oriental, aumentando la temperatura superficial del mar.


Ese calentamiento modifica la evaporación, la convección, la presión atmosférica y la circulación de los vientos. La consecuencia es una redistribución de la energía y de la humedad atmosférica a escala planetaria.

La Organización Mundial de la Salud describe al ENOS como uno de los principales factores de variabilidad climática interanual del planeta y señala que puede favorecer episodios extremos de precipitaciones, inundaciones y sequías.

2. El mecanismo que explica su influencia sobre Chile

El punto fundamental para comprender El Niño en Chile es que el calentamiento del Pacífico tropical actúa como un mecanismo de modificación de la circulación atmosférica.

Una representación simplificada sería:
Pacífico tropical más cálido → mayor evaporación → cambios en convección y presión → modificación de ondas atmosféricas → alteración de las trayectorias de sistemas frontales → cambios en las precipitaciones de Chile.

El efecto no es idéntico en todo el territorio.
En términos generales, El Niño tiende a favorecer condiciones más lluviosas en buena parte de Chile central, pero la respuesta en el Norte es mucho más compleja y depende de la configuración atmosférica regional, la temporada, la intensidad del evento y la interacción con otros fenómenos.

Por eso es incorrecto afirmar que «El Niño significa automáticamente lluvia en Atacama«.


La formulación científicamente más correcta es:

El Niño aumenta la probabilidad de determinadas configuraciones atmosféricas capaces de producir precipitaciones extraordinarias en sectores del Norte y Centro-Norte de Chile.

MAPA DE CORRIENTES ISOTERMAS DE EL NIÑO

3. ¿Qué está ocurriendo durante 2026?

El escenario de 2026 es especialmente relevante.

El Climate Prediction Center de NOAA, en su diagnóstico del 9 de Julio de 2026, informó que El Niño estaba presente y fortaleciéndose. El índice Niño-3.4 alcanzaba aproximadamente +1,2 °C, mientras que la región Niño 1+2, situada frente a las costas de Perú y Ecuador, presentaba una anomalía de aproximadamente +2,7 °C.

La NOAA proyectaba entonces una intensificación del fenómeno durante 2026 y una probabilidad del 97 % de persistencia hasta comienzos de la primavera de 2027. Además, estimaba una probabilidad del 81 % de que entre Octubre y Diciembre de 2026 se desarrollara un El Niño muy fuerte, potencialmente entre los mayores registrados desde 1950.

Esto debe interpretarse con una precaución importante: una probabilidad elevada de El Niño fuerte no significa que cada región vaya a experimentar necesariamente un desastre meteorológico. Incluso los grandes eventos de El Niño presentan impactos geográficamente diferentes. La propia NOAA advierte que los impactos típicos no aparecen de manera uniforme en todas partes.

La Dirección Meteorológica de Chile también confirmó en Julio que las condiciones de El Niño ya estaban presentes y que los modelos apuntaban a una intensificación durante la temporada 2026–2027. Asimismo, DMC ha advertido que la expresión mediática «Niño Godzilla» no constituye una categoría científica oficial.

4. ¿Por qué Atacama es particularmente vulnerable?

La paradoja climática de Atacama es fundamental para entender el problema.

Cuanto más árido es un territorio, menos preparado está su sistema natural y humano para recibir grandes cantidades de agua en períodos muy cortos.

La Región de Atacama posee extensas superficies desérticas, numerosas quebradas y cauces normalmente secos. Cuando una precipitación extraordinaria alcanza las zonas altas, el agua puede concentrarse rápidamente en quebradas y cauces, generando aumentos súbitos de caudal.

El problema se agrava cuando la precipitación ocurre a una cota donde normalmente debería existir nieve.

El mecanismo de riesgo es:

Lluvia intensa + suelo árido + quebradas + pendientes pronunciadas + alta isoterma cero = potencial de crecidas y aluviones.

En otras palabras, una parte de la peligrosidad no depende solamente de cuántos milímetros caigan, sino de:

• intensidad de la precipitación;
• duración;
• distribución espacial;
• altitud a la que precipita;
• temperatura;
• estado del suelo;
• cantidad de nieve existente;
• pendiente del terreno;
• características de las quebradas;
• ocupación humana de zonas inundables.

5. El antecedente científico: El Niño y los aluviones de Atacama

La asociación entre El Niño y las precipitaciones extremas en el desierto de Atacama no es una hipótesis reciente.

Investigaciones climatológicas han encontrado que las precipitaciones invernales en el desierto de Atacama tienden a ser mayores durante años El Niño, aunque el fenómeno no actúa de manera directa y exclusiva: las condiciones sinópticas regionales determinan finalmente si la humedad disponible se transforma en precipitación.

Un estudio publicado en Global and Planetary Change encontró una relación especialmente importante en el extremo Sur del desierto de Atacama. Según esa investigación, 76,5 % de los desastres aluviales registrados entre 26°S y 30°S durante el período estudiado se asociaron a precipitaciones extremas ocurridas entre marzo y septiembre bajo condiciones de El Niño.

El mismo trabajo señala que El Niño puede favorecer configuraciones de circulación atmosférica que desvían sistemas de tormentas hacia Chile Central y Norte.

Esto resulta especialmente relevante para Atacama porque la región se encuentra precisamente en una zona de transición climática donde una alteración relativamente pequeña de la circulación puede producir enormes diferencias respecto de su climatología habitual.

6. El antecedente de 2015: cuando Atacama recibió una señal de advertencia.

El episodio de Marzo de 2015 constituye uno de los ejemplos modernos más importantes.

Una precipitación extraordinaria afectó principalmente las regiones de Atacama y Coquimbo y desencadenó enormes flujos de agua, barro y sedimentos.


El fenómeno demostró una característica esencial del desierto:


la ausencia habitual de precipitaciones no significa ausencia de peligro hidrológico.


Al contrario: después de largos períodos secos, las superficies áridas pueden presentar una capacidad limitada para absorber rápidamente volúmenes extraordinarios de agua, mientras que las quebradas concentran el escurrimiento.


La investigación paleoclimática y meteorológica ha encontrado además evidencias de que los eventos torrenciales en el extremo Sur del desierto están modulados por ENOS y que, en el contexto del cambio climático, existe preocupación por una combinación particularmente problemática:


menor precipitación media + episodios de precipitación más intensa.

7. El factor decisivo: la isoterma cero

Uno de los conceptos meteorológicos más importantes para comprender el riesgo actual en Atacama es la isoterma cero.


La isoterma cero es aproximadamente la altitud donde la temperatura atmosférica alcanza 0 °C.


Cuando esta cota se encuentra relativamente baja, parte de la precipitación puede caer como nieve en la cordillera.


Cuando asciende considerablemente, sectores que normalmente reciben nieve pueden recibir lluvia líquida.


Esto modifica radicalmente el comportamiento hidrológico.


Nieve: precipitación → almacenamiento temporal → fusión progresiva


Lluvia sobre terreno cordillerano: precipitación → escorrentía inmediata → quebradas → aumento rápido de caudal


Y existe un tercer escenario todavía más peligroso:


lluvia + nieve existente → fusión acelerada → aumento adicional del caudal.

8. Atacama ya está experimentando una situación de este tipo

Este punto es particularmente importante al momento de publicar este artículo. No se trata solamente de una predicción para un futuro indefinido. Durante 11 y 12 de Agosto de 2026, la Región de Atacama se encontraba bajo una situación meteorológica de especial atención. Se habían previsto entre 40 y 60 mm de precipitación en sectores precordilleranos, junto con una isoterma cero estimada entre aproximadamente 3.330 y 4.100 metros.


La combinación es potencialmente peligrosa porque permite precipitaciones líquidas en cotas donde puede existir nieve y favorece:


• crecidas repentinas;
• remociones en masa;
• flujos de barro;
• flujos de detritos;
• desbordes;
• cortes de caminos;
• aislamiento de localidades;
• daños en infraestructura;
• interrupciones de faenas productivas.

La situación no es exclusiva de Atacama. Sectores interiores de Antofagasta también fueron puestos bajo atención meteorológica, con precipitaciones previstas de 10 a 30 mm en la provincia de El Loa y una isoterma cero elevada.

9. El papel de los ríos atmosféricos

Otro elemento que no debe confundirse con El Niño es el denominado río atmosférico.


Un río atmosférico es una extensa corriente de vapor de agua que transporta humedad desde regiones tropicales o subtropicales hacia latitudes mayores.


El río atmosférico no es El Niño.


Sin embargo, ambos fenómenos pueden interactuar.


Una situación de El Niño puede modificar las condiciones de circulación que favorecen determinados patrones atmosféricos, mientras que un río atmosférico puede transportar grandes cantidades de humedad hacia Chile.


Cuando esa humedad encuentra un sistema frontal y las condiciones dinámicas son favorables, pueden producirse precipitaciones excepcionalmente intensas.


Esta interacción ayuda a explicar por qué una región extremadamente seca puede pasar, en pocas horas o días, de condiciones desérticas a una situación de riesgo hidrometeorológico severo.

10. ¿Qué efectos pueden esperarse en Atacama durante los próximos meses y ?

No es científicamente correcto afirmar que El Niño producirá inevitablemente un determinado número de aluviones o una cantidad específica de lluvia. Sí es posible identificar riesgos cuya probabilidad aumenta bajo determinadas configuraciones meteorológicas.

A. Precipitaciones extraordinarias

El primer riesgo es la aparición de episodios de precipitación muy superiores al promedio climatológico.
El problema no es solamente el acumulado mensual: una lluvia concentrada en pocas horas puede ser mucho más peligrosa que el mismo volumen distribuido durante semanas.

B. Aluviones y flujos de detritos

Es probablemente uno de los riesgos más importantes para Atacama. Las quebradas pueden transformarse rápidamente en corredores de agua, barro, rocas y sedimentos.

C. Crecidas repentinas

Los cauces normalmente secos pueden experimentar aumentos de caudal extremadamente rápidos.

D. Remociones en masa

La saturación localizada de suelos y materiales sedimentarios puede favorecer deslizamientos y desprendimientos.

E. Daños a infraestructura

Las carreteras, puentes, líneas eléctricas, sistemas de agua, instalaciones mineras y caminos interiores pueden quedar expuestos a cortes o daños.

F. Impactos sobre la minería

La Región de Atacama posee una enorme actividad minera. Las lluvias extraordinarias pueden afectar caminos mineros, accesos a faenas, sistemas de transporte, depósitos de materiales, infraestructura eléctrica y suministro de agua.

G. Agricultura y ganadería

En los valles de Copiapó y Huasco puede existir un beneficio hídrico potencial si parte del agua logra incorporarse a sistemas de almacenamiento o recarga.
Pero una precipitación demasiado intensa puede producir el efecto contrario: erosión, inundaciones y daños a cultivos.

11. El riesgo no debe confundirse con el beneficio hídrico

Existe una interpretación simplista según la cual «El Niño es bueno para Atacama porque trae agua«.

Esto es incompleto.

Una lluvia extraordinaria puede producir simultáneamente: beneficio hídrico + desastre hidrometeorológico.

El agua que llega al territorio puede:

• aumentar escorrentías;
• alimentar embalses;
• favorecer la recarga de algunos acuíferos;
• incrementar temporalmente los caudales;
• mejorar determinadas condiciones agrícolas.

Pero también puede:

• destruir infraestructura;
• erosionar suelos;
• contaminar sistemas de agua;
• transportar sedimentos;
• provocar aluviones;
• aislar comunidades.

La diferencia fundamental está en cómo, dónde, cuándo y con qué intensidad llega el agua.

Las proyecciones para la Región de Atacama apuntan a una posible reducción de la precipitación media acompañada por episodios de lluvia más intensos.
Un estudio sobre el extremo Sur del desierto proyectó para el siglo XXI una disminución del orden de 15–30 % de la precipitación anual, pero simultáneamente un aumento de la intensidad de episodios tormentosos, un territorio progresivamente más árido, pero potencialmente expuesto a episodios de lluvia más violentos.

12. Proyecciones de NOAA para la Región de Atacama

El escenario actual merece seguimiento porque NOAA proyecta que El Niño » será fuerte», y continúe hasta comienzos de 2027 y que alcance su máxima intensidad hacia el último trimestre de 2026.

Para Atacama, su importancia reside precisamente en que pequeños cambios en la frecuencia de precipitaciones extremas pueden producir impactos desproporcionadamente grandes. Una región que normalmente recibe muy poca lluvia posee una infraestructura, una geomorfología y una organización territorial adaptadas a la aridez.

El Niño no es una abstracción climática lejana; ya forma parte del escenario atmosférico en el que Chile está experimentando episodios meteorológicos importantes.

El peligro no depende únicamente de la cantidad de lluvia. La interacción entre humedad, sistemas frontales, ríos atmosféricos, temperatura, isoterma cero, nieve, topografía y quebradas puede convertir una precipitación excepcional en una emergencia.

Fuentes principales para este artículo: NOAA/National Weather Service, Dirección Meteorológica de Chile, Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Organización Mundial de la Salud y literatura científica especializada sobre precipitación extrema y ENOS en el desierto de Atacama.